octubre 14, 2010

Quiero seguir recuperando reflexiones y planteamientos sobre la libertad y lo digital, la red, el ciberespacio.

Un texto que ya tiene casi 15 años y es hoy tan válido y necesario como entonces:


DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DEL CIBERESPACIO

Por John Perry Barlow


Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.
No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.
Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas.
No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni creasteis la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden que el que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.
Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como una excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolvereremos por nuestros propios medios. Estamos creando nuestro propio Contrato Social. Esta autoridad se creará según las condiciones de nuestro mundo, no del vuestro. Nuestro mundo es diferente.
El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos.
Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.
Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.
Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia. Aquí no hay materia.
Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener orden por coacción física. Creemos que nuestra autoridad emanará de la moral, de un progresista interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas reconocerían es la Regla Dorada. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que estáis tratando de imponer.
En Estados Unidos hoy habéis creado una ley, el Acta de Reforma de las Telecomunicaciones, que repudia vuestra propia Constitución e insulta los sueños de Jefferson, Washington, Mill, Madison, DeToqueville y Brandeis. Estos sueños deben renacer ahora en nosotros.
Os atemorizan vuestros propios hijos, ya que ellos son nativos en un mundo donde vosotros siempre seréis inmigrantes. Como les teméis, encomendáis a vuestra burocracia las responsabilidades paternas a las que cobardemente no podéis enfrentaros. En nuestro mundo, todos los sentimientos y expresiones de humanidad, de las más viles a las más angelicales, son parte de un todo único, la conversación global de bits. No podemos separar el aire que asfixia de aquél sobre el que las alas baten.
En China, Alemania, Francia, Rusia, Singapur, Italia y los Estados Unidos estáis intentando rechazar el virus de la libertad erigiendo puestos de guardia en las fronteras del Ciberespacio. Puede que impidan el contagio durante un pequeño tiempo, pero no funcionarán en un mundo que pronto será cubierto por los medios que transmiten bits.
Vuestras cada vez más obsoletas industrias de la información se perpetuarían a sí mismas proponiendo leyes, en América y en cualquier parte, que reclamen su posesión de la palabra por todo el mundo. Estas leyes declararían que las ideas son otro producto industrial, menos noble que el hierro oxidado. En nuestro mundo, sea lo que sea lo que la mente humana pueda crear puede ser reproducido y distribuido infinitamente sin ningún coste. El trasvase global de pensamiento ya no necesita ser realizado por vuestras fábricas.
Estas medidas cada vez más hostiles y colonialistas nos colocan en la misma situación en la que estuvieron aquellos amantes de la libertad y la autodeterminación que tuvieron que luchar contra la autoridad de un poder lejano e ignorante. Debemos declarar nuestros "yos" virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos extenderemos a través del planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos.
Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.

Davos, Suiza. 8 de febrero de 1996
*También de Barlow: The Economy of Ideas

agosto 22, 2010

Una entrevista a Lawrence Lessig

Encontré esta entrevista a Lawrence Lessig en el site de Página12 (http://www.pagina12.com.ar). Es de hace tres años y me parece un buen momento para recordarla.  Copio:


LUNES, 11 DE JUNIO DE 2007
ENTREVISTA A LAWRENCE LESSIG, FUNDADOR DE CREATIVE COMMONS
“El creador no es un pirata”
El académico estadounidense defiende el “copyleft”, un modo de evitar el rígido esquema actual de derechos y que deja en manos del autor el tipo de licencia que quiere ofrecer.
Por Patricia F. de Lis *
Las leyes que han protegido la creación cultural en los últimos cien años no sirven en la sociedad digital. Es lo que defiende Lawrence Lessig, catedrático de Derecho en Stanford y fundador de Creative Commons, la alternativa más extendida al copyright. En la era YouTube, en que las herramientas creativas están en manos de millones de personas, Lessig defiende las licencias copyleft, en las que el autor decide qué derechos ejerce y qué libertades otorga a sus usuarios.
León Tolstoi estaba avergonzado. Su mujer lo presionaba para que aceptara el dinero que procedía de sus derechos de autor, pero él creía que no debían ponerse límites, ni precio, a la extensión de sus ideas. “Para mí es un sufrimiento, una vergüenza –reflexiona en sus Diarios–. ¿Por qué debilitar el efecto que podría tener la prédica de la verdad?”
Más de cien años después, Lessig se declara dispuesto a devolver al autor la capacidad de decidir cómo quiere que se difundan sus ideas. El catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Stanford es uno de los mayores especialistas del mundo en derechos de autor. Aunque Lessig fue calificado de “radical” por las entidades gestoras de derechos, él defiende el copyright. Sólo que no cree que sea para todo el mundo.
Con un juego de palabras, Lessig explica que la cultura en el siglo XIX era “regrabable”, ya que los autores creaban apoyándose en las ideas de otros. El siglo XX es de “sólo lectura”, porque la extensión del copyright –en la Constitución estadounidense de 1787 duraba 17 años; ahora se acerca a los 200– y el hecho de que las herramientas creativas estén en manos de unos pocos convierte a los creadores en consumidores pasivos o en delincuentes que violan la propiedad intelectual. “Los autores sólo pueden crear con el permiso de los poderosos o de los creadores del pasado”, dice Lessig. El siglo XXI cambió radicalmente las reglas. En la era YouTube, los consumidores se convierten en “recreadores”: el 57% de los adolescentes estadounidenses colgó videos en Internet y ya hay, por ejemplo, 300 o 400 horas de obras realizadas con pedazos de animé japoneses. “No podemos matar esa creatividad, la ley sólo puede criminalizarla. No podemos hacer que nuestros hijos se conviertan en seres pasivos, llamarles simplemente piratas. Convertimos a los creadores en revendedores en el mercado negro.” La respuesta de Lessig es Creative Commons, un conjunto de licencias flexibles que otorgan al autor la capacidad de decidir qué derechos y libertades acompañan su obra.
–¿Por qué creó Creative Commons?
–Para entender lo que es Creative Commons (CC), hay que entender el problema que trata de resolver. Las leyes del copyright regulan las copias de las obras pero, en el mundo digital, cada uso individual de cualquier obra crea una copia. Eso significa que, en principio, hay que tener una licencia para cada uso, aunque seas un niño que utiliza imágenes de Disney para un proyecto del colegio. Sin embargo, muchos creadores no quieren que el control de su obra esté tan restringido; prefieren que la gente haga cosas con su trabajo, que lo copie, que lo comparta, que realice proyectos. Las restricciones del copyright no tienen sentido en este contexto. Es una tragedia que hayamos creado un régimen que concibe la creatividad de millones como ilegal. Y es importante tener este debate.
–¿Por qué?
–Porque la tecnología está cambiando la relación de la gente con la cultura. Hacer un disco o una película estaba reservado a un pequeño grupo de gente, y muchas formas de expresión cultural acabaron siendo desechadas. Lo que consiguieron las tecnologías digitales es que, de nuevo, un montón de gente pueda participar en esta creación cultural. Y en lugar de impulsarlo, la ley está en contra de esta nueva creatividad.
–¿Puede haber creación sin industria?
–No. Y ésta es una de las razones por las que pienso que el copyright es esencial, incluso en la era digital. Nada de lo que hacemos intenta negar la importancia de la industria, pero el modelo de industria tradicional desarrollado en el siglo XX no tiene sentido en éste. No es un debate a favor o en contra de la propiedad, sino sobre cuál es el régimen que permite a la mayor cantidad de gente posible ser creativa, mientras se protegen los necesarios incentivos comerciales de la industria. Lo que hay que pensar es si el modelo de protección de las obras de Madonna es el que tiene sentido para todas las formas de creatividad del mundo. Es un modelo muy particular desarrollado en un momento muy particular, con un determinado tipo de tecnología. La idea de que debe haber un solo modelo para todos los tipos de creatividad es ridícula. Y CC no es una manera de impedir que la gente explote sus obras; es una manera de ayudar a los autores a decidir cómo hacerlo.
–Usted menciona en su libro Cultura libre que el problema es que dejamos que los más amenazados por este cambio sean los que desarrollan las leyes.
–Así es. Uno de los mayores problemas de este tema es la corrupción del sistema, no en el sentido político, sino por el hecho de que la industria cultural tuvo mucho éxito en crear lobbies.
–¿Qué piensa del intercambio de obras creativas por Internet?
–Espero que la gente no use las redes P2P para violar el copyright de otros. Lo digo porque no creo que se deban violar los derechos de nadie pero, además, porque esa actividad es la gran excusa que tiene el otro lado para decir “debemos controlar Internet”, haciendo que sea más difícil para nosotros centrar la atención en la actividad creativa, que no debería estar limitada por el copyright. Pero no importa lo que haga la industria. Puede poner barreras técnicas o denuncias, pero no va a detener el intercambio de archivos. ¿Y sirvió para algo esta guerra? Los niños son criminales y los artistas no ganan dinero.
–¿Qué les diría a los autores que creen que no hay otro límite que el copyright frente a la copia desenfrenada de Internet?
–Deberían saber que el modo en que están protegidos depende de tecnologías y modelos de negocio del pasado. Por ejemplo, el editor de mi libro Cultura libre pensó que debía estar gratis en la red. ¿Por qué tiene sentido? Bueno, no es un libro corto, así que el costo de imprimirlo es mayor que el de comprarlo, y el editor pensó que, si lo ponía en Internet, mucha más gente lo conocería y lo compraría. Y el editor no quiere perder dinero. Intenta hacer más.
–¿Y funcionó en su caso? ¿Hizo dinero con su libro?
–Bueno, hice tanto dinero como me prometieron. Y el libro fue descargado más de medio millón de veces. Eso es extraordinario para un académico...
* De El País de Madrid. Especial para Página/12.


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Para leer el libro de Lessig Cultura Libre: http://ow.ly/2sYLF 

agosto 21, 2010

Porque de todo un poco

Acabo de ver La Desazón Suprema, el documental de Luis Ospina sobre Fernando Vallejo. Me ha invadido una rabia extraña mezclada con ironía leve, y la sensación de compartir con  muchísimos colombianos el exilio y el gesto impávido ante cadáveres y explosiones. 

Quedé también con energía. Siempre hace bien descubrir personas que se alejan de la supuesta especialización imperativa en esta época. Alguien que ha paseado por el cine, la filosofía, la literatura, las ciencias, la música, la escritura... y ha sabido conjugar en sí mismo y en lo que hace todas estas cosas, me hace querer seguir defendiendo el deseo imposible de saberlo todo, sin avergonzarme de él ni hacer como si no existiera para "no preocupar".  

El deber, como la tradición y la verdad son acuerdos sociales que por algún motivo -generalmente olvidado- se hicieron fuertes, hasta el punto de ser voluntaria o involuntariamente aceptados por una parte de la sociedad suficiente para hacerlos parecer absolutos. Más allá de la reflexión sobre la validez o invalidez de estas supuestas certezas, me llama la atención su origen, sus causas primigenias. En este retroceso curioso, a veces se encuentra uno con las razones más inesperadas y otras veces con razonamientos muy prácticos que resolvían problemas propios de una época. La cosa va desde una necesidad comercial o un problema de sanidad hasta una deformidad física de algún monarca enterrado siglos atrás. 

Cualquiera que sea la historia que encierran nuestras costumbres, no deja de sorprenderme -e incomodarme un poco- la obediencia y la inconsciencia con las que generalmente las aceptamos. Su invisibilidad nos paraliza. Muchas veces su existencia aparentemente incuestionable no nos deja más que el malestar y la angustia al darnos cuenta de que no encajamos cómodamente en los supuestos.

Me gustó del documental -como me gusta de Vallejo mismo o de Bukowski- su capacidad de mostrar una cara que no conozco y que probablemente nunca llegue a vivir, pero que imagino con ellos. Me gustó escuchar cerca y cotidiana una voz que se ha vuelto medio mítica por su irreverencia incansable, y sentir que no es mía y que, desde su primera persona agotada, tiene mucho que decirnos. 

agosto 04, 2010

Crear

Esto se lo escribí específicamente a alguien y en el proceso aclaré muchas cosas. Espero que no le moleste que lo copie acá:

El proceso creativo y la vida misma están llenos de altibajos -no le digo nada nuevo-. Hay momentos en los que uno está terriblemente hábil para lograr resultados satisfactorios y momentos de bloqueo total. Si bien es cierto que en la música esto es siente con innegable claridad, puede verse también en el resto de actividades que exigen poner todo lo que uno tiene en cada decisión. 

Es normal que se quiera tener una vida llena de éxitos, uno tras otro, una vida directa hacia la cima que le permita vivir con la tranquilidad de estar haciéndolo todo siempre bien. Por fortuna o por desgracia, este supuesto éxito asegurado e infalible no es más que una idea adoptada por la publicidad para vender más fácilmente los productos: esos productos que nos prometen la vida preciosamente ligera de la sonrisa del éxito. Pero, digámoslo abiertamente: es una farsa.

Uno de los ejercicios más lindos de hacer con la historia del arte es sentarse con un libro en las manos a mirar la transformación de un artista, desde los primeros trazos hasta la muerte. En esto Dalí es uno de los más fascinantes. Es increíble cómo va cambiando la técnica, el estilo, el color, las formas... incluso la emoción y la posición política del individuo se ven reflejadas en las obras.

Hace unos años escuché decir a Fernando del Paso (escritor mejicano) en una conferencia, algo como que el peor mal que nos había hecho España era hacernos sentir que si no somos Cervantes no existimos. Hollywood se ha encargado bien de la misma tarea inventando la superstar y así, cada vez más, nos venden caras y nombres en las calles, en las revistas, en la tele, en Internet, hasta en las universidades. Hay, sin embargo, una manera de combatir esa mitificación de individuos -que responde a una lógica más comercial que de otro tipo-: conociendo gente. 

La mayoría de mis personas preferidas no sale en MTV, en Soho, en Vogue o en Fox y ojalá no salga nunca. Mis personas preferidas lo son por su calidad humana, por su inteligencia y por su pasión, y estas cualidades pueden encontrarse muy lejos del logro (comercial) asegurado por la editorial Planeta o por EMI Music. Hay tal vez que aprender a lidiar con el éxito, si llega, o robarle un poco de comodidad a estas empresas montadas para generar ganancias, para así poder dedicarse a proyectos más lindos, más satisfactorios, más irreverentes, más valiosos. 

En todo caso lo esencial no es una serie de exclamaciones aprobatorias pronunciadas por familiares, compañeros, profesores y fans. Lo esencial es cuánto disfrute uno hacer lo que hace. Hablarse sinceramente y saber que simplemente no puede hacer otra cosa,  preguntarse si está satisfecho, estética, emocional, política y éticamente satisfecho. Está claro que no es posible agradarle al mundo entero, incluso se puede no agradar a nadie... pero es que si fuera por la aprobación de los contemporáneos no existiría la obra de innumerables personajes que hoy admiramos.

Tiene usted veintitantos años y una expectativa de 60, 70, 80... (¿?) No se trata de conseguirlo todo ya, se trata de andar por un camino que a veces es desértico pero que tiene los amaneceres más lindos del mundo.  Si pinta hágalo porque no puede hacer nada más, porque si no lo hace se vuelve estéril, no porque a una chica le gusten o no dos o tres cuadros. Pero aprenda a aceptar confrontaciones, críticas, negativas. Tamícelas, digiéralas, sopéselas y pregúntese si tienen sentido y por qué, si le interesan y si debe buscar otro camino.

julio 25, 2010

¿Una cartografía de la red?

Internet, entre otras cosas, ha ampliado las posibilidades de comunicación a una parte de la sociedad mayor -que no deja de ser cierta élite-. Así mismo, sirve como vehículo para mostrar o compartir experiencias locales o particulares e iniciativas de participación ciudadana, que de otro modo (con los canales de comunicación tradicionales) raramente podrían llegar a oídos y ojos lejanos.

Enfocándonos sólo en las artes -por gusto propio- los ejemplos no se acaban. Hay innumerables blogs al respecto, muchas páginas de centros culturales y lugares que abren sus puertas para el desarrollo de actividades artísticas. 

Dentro de esta cantidad de información hay círculos relativamente pequeños que se relacionan, bien sea geográficamente, por temas o por la calidad de su contenido. Hay también paradigmas, jerarquías, enlaces de lectura obligada. No obstante, Internet sigue siendo un espacio caótico que carece de puntos de referencia claros, en donde el viajero, desubicado, muchas veces prefiere no salir de cinco o seis enlaces donde se siente seguro. Rara vez se atreve a dejarse llevar por hipervínculos o se dedica cuidadosamente a una búsqueda, asumiendo el riesgo de una cantidad de resultados inmanejable. Así, una gran parte de los usuarios de Internet ignora o evita las mejores posibilidades del medio. 

Cierto es que el fenómeno de la ruta segura es también mayoritario en los espacios físicos: casi todos recorremos diariamente las mismas calles, entramos a los mismos edificios, saludamos a las mismas personas. Derivar sería una locura para muchos ciudadanos.

No obstante, no hay ser humano al que no le guste descubrir, ver o imaginar lugares desconocidos. Los libros, las películas, las fotografías, la televisión, los medios de comunicación, nos llevan de la mano a pasear, nos presentan personas y nos muestran escenarios que ignorábamos. Unos cuantos van más lejos y deciden buscar esos nuevos espacios por sí mismos, por curiosidad o por placer.

Hubo en otras épocas -y hay aún- seres humanos apasionados por descubrir qué se esconde detrás de una montaña, después del horizonte o cómo es el universo. Gente con ganas de ver lo que un simple vistazo a nuestro alrededor no nos muestra. Lo más valioso de estas personas -además de sus propias experiencias- es que van documentando lo hallado. Elaboran un material que luego le servirá a otro. Dejan registro de lo visto para ir construyendo, entre todos, una geografía, la representación de territorios que nos permite entender los lugares: localizar-nos.

Llevo varios años viajando por la World Wide Web y todavía me pierdo. Cuando salgo de mis recorridos conocidos aún dudo si entrar o no a algunas páginas e ignoro miles de posibilidades. Por un lado no puedo negar que este caos tiene su encanto. Dice Manuel Castells en el texto citado en el post anterior, que es el caos el mayor poder de Internet como espacio de libertad. Hasta cierto punto estoy de acuerdo, pero el conocimiento es poder y el conocimiento del territorio es poder estratégico.

Además de estar un poco harta de la falta de ubicación, quisiera poder compartir mis hallazgos e impulsar un recorrido más consciente de este lugar virtual. Ignoro la mejor manera de llevar a cabo tal cartografía; de entender, visualizar y explicar esta geografía. Es nuestra tarea encontrarla: sólo así fortaleceremos esta red como espacio-herramienta de libertad, participación, educación y comunicación. Sin esto seguiremos transitando imbéciles por lugares que quieren vendernos, por rutas atestadas de publicidad y des-información basura.


Nota: Casualmente vi este proyecto hace poco: http://www.christianmarcschmidt.com/invisiblecities/ Puede aportar a la reflexión sobre las cartografías de espacios virtuales y mentales.

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Este blog lo abrí hace tiempo con otro propósito. Hoy lo reutilizo porque se había convertido en un sitiobasura. 

Reflexiono sobre Internet, sobre la comunicación, el arte, la libertad, las herramientas y las posibilidades de conectar-nos.

Empiezo citando un fragmento de un texto de Manuel Castells: Internet, libertad y sociedad: Una perspectiva analítica:

"¿Cuál es, entonces, la relación entre Internet y libertad? La historia y la cultura de Internet lo constituyeron como tecnología de libertad. Pero la libertad no es una página blanca sobre la que se proyectan nuestros sueños. Es el tejido áspero en el que se manifiestan los poderes que estructuran la sociedad. Al efecto Gilmore se contrapone el efecto Microsoft. Según el primero, Internet interpreta cualquier censura como un obstáculo técnico y tiende a rodearlo. Según el segundo, Microsoft interpreta cualquier proceso de comunicación como oportunidad de negocio y tiende a monopolizarlo. A las aspiraciones de libertad se contraponen los instintos básicos de las burocracias políticas, cualesquiera que sean sus ideologías. Y a liberación de la humanidad por la tecnología de la información se contrapone la realidad presente de una humanidad mayoritariamente desinformada y marginada de la tecnología.   
Internet, en nuestro tiempo, necesita libertad para desplegar su extraordinario potencial de comunicación y de creatividad. Y la libertad de expresión y de comunicación ha encontrado en Internet su soporte material adecuado. Pero tanto Internet, como la libertad, sólo pueden vivir en las mentes y en los corazones de una sociedad libre, libre para todos, que modele sus instituciones políticas a imagen y semejanza de su práctica de libertad."

El texto completo se puede conseguir acá