enero 19, 2012

Nunca es tarde

"Debemos pasar mucho tiempo entendiendo cada cultura. Y parece un tiempo casi infinito. Por lo tanto, más que resolver la contradicción que hay en mi mente, preferiría pasar mucho tiempo haciéndola mayor, y sostenerla hasta que se convierta en mi personal forma de representación."


Hoy me presentaron a Tōru Takemitsu. 

diciembre 16, 2011

China

Por razones más o menos inexplicables e impulsada por una serie de afortunada casualidades, últimamente pienso mucho en China. Leyendo un libro de Namoi Klein tremendo e inmensamente doloros -La doctrina del Shock- me topé con esto:

Ésa (la de Deng en 1989, animado por M. Friedman) en concreto fue la oleada de reformas que transformó a China en el taller industrial de mano de obra barata del mundo y, por tanto, en la ubicación preferida de las plantas de producción subcontratadas por prácticamente todas las multinacionales del planeta. Ningún país ofrecía condiciones más lucrativas que China: impuestos y aranceles reducidos, autoridades corruptibles y, por encima de todo, una mano de obra abundante y escasamente remunerada que, durante muchos años, no iba a querer arriesgarse a exigir salarios dignos ni las protecciones laborales más básicas por miedo a las más violentas represalias.
Para los inversores extranjeros y para el partido, éste ha sido un arreglo con el que todos han salido ganando. Según un estudio de 2006, el 90% de los "multimillonarios" de China (calculados en yuanes chinos) son hijos de funcionarios del Partido Comunista. Son en total, aproximadamente, unos 2.900. Estos vástagos del partido (conocidos como "los principitos") controlan una riqueza valorada en 260.000 millones de dólares estadounidenses. Se trata de un calco del Estado corporativista del que Chile fue precursor en tiempos de Pinochet: una puerta giratoria entre las élites empresariales y políticas que unen su poder para eliminar a los trabajadores como fuerza política organizada. Este acuerdo de colaboración es apreciable hoy en día en el modo en que las empresas multinacionales mediáticas y tecnológicas ayudan al Estado chino a espiar a sus propios ciudadano y a asegurarse de que cuando los estudiantes realicen búsquedas por Internet de expresiones como "masacre en la plaza de Tiananmen" o, incluso, "democracia", no aparezca ningún resultado en la pantalla. "La creación de la sociedad de mercado actual no fue consecuencia de una secuencia de hechos espontáneos", escribe Wang Hui, "sino de la interferencia y la violencia estatales.
Cuando nací había un muro en Berlín y un polo del mundo comunista pero yo no recuerdo ninguno de los dos. También había un gobierno militar en Chile y otro en Paraguay. Lo de Chile lo supe siempre y sé que de algún modo el golpe que destrozó el sueño de Allende y la vida de tantas personas, es la primera de una serie de casualidades que desembocaron en mi aparición en este mundo. De la segunda me enteré 20 años después y me avergüenza profundamente ignorar tantas cosas de la historia latinoamericana. En esta ciudad he tenido la fortuna de escuchar a menudo hablar guaraní, poco a poco despierto.

diciembre 12, 2011

Hace casi dos años llegué a vivir a Buenos Aires. Supuestamente iba a quedarme sólo uno, pero así son los viajes y la vida a veces timonea para salvar obstáculos.

Empieza, entonces, mi segundo verano en esta ciudad con río y sin él. Se acerca asimismo mi segundo cumpleaños e inevitablemente me pongo reflexiva: ¿he cambiado?, ¿qué ha cambiado?
Al escucharme conversar y hacerme consciente de algunos comportamientos pienso que sí he cambiado. La timidez que antes me paralizaba a la hora de hacer una llamada, pedir algo o saludar, se hace cada vez más dócil y me permite jugar con ella; el silencio obstinado que me invadía ante alguien desconocido es más fácil de romper desde que descubrí que todos decimos tonterías, que las conversaciones están llenas de trivialidades y para la mayoría eso no es un problema (paternal excepción...).

De pronto he empezado a existir, a asumir mi ser presente en el mundo, después de veinte años de querer ser invisible, de caminar tan silenciosamente como fuera posible, de no molestar, de no pedir ayuda, de no hablar y observar y escucharlo todo desde una honda soledad. "Es que esa niña no se siente", oí decir mil veces con la mayor aprobación. Mi presencia ausente era maravillosa para el mundo adulto y yo dominaba la técnica a la perfección. Sólo surgía un problema cuando me cruzaba con alguien que se fijaba en mí y esperaba una acción propia de un ser humano práctico y real, a lo que yo solo podía responder con una mirada angustiada de timidez que suplicaba silenciosamente: "¿No podemos hacer como si no existiera? Es más fácil."

Y un día heme aquí, en una ciudad donde hay que decir algo cada vez que uno se sube un colectivo, donde hablan fuerte -como tanos-, donde el trato es imperativo y directo. Heme además sola, sin faldas para esconderme detrás y sin voces que pidieran por mí. Entonces me di cuenta de que existía y supe que cada acción mía tendría en adelante una reacción, una consecuencia en los otros y en el mundo. La obviedad humana más grande, que se me había escapado durante veintiún años, me daba al fin un sacudón violento.

Entonces me enfrenté a una gran pregunta: ¿qué hacer con tanto yo cuando estoy bien acostumbrada a no existir? El asunto tiene algo de escultórico: descubrir las posibilidades plásticas de un material que siempre estuvo ahí pero que a uno no se le había ocurrido que pudiera moldear realmente. Comencé a probar, a aprobar y a desaprobar. Tal proceso está lejos de terminar pero ha dado algunos frutos dulces, ácidos y dolorosos. Ahora sé, por ejemplo, que puedo hacer reír y que me encanta; que odio con el alma hacer maquetas y en cambio prefiero sembrar y cuidar plantas; que aún sonrío como papa dice que sonreía a los cuatro años y sólo dejé de hacerlo por eso que llaman adolescencia; que con la música tengo una relación bipolar, escucharla en vivo me hace llorar y tocarla me llena y me vacía al mismo tiempo; que amo escribir pero le falta algo; que cuando grande quiero ser bailarina; que se puede vivir y recorrer el mundo siendo un payaso o haciendo malabares, y que la sorpresa y la risa son armas para ganar la simpatía hasta en los contextos más violentos... Estas dos últimas, grandes y emocionantes revelaciones.

DILIGE ET QUOD VIS FAC.

(Gracias, pa, por el diccionario de expresiones y frases latinas).

mayo 01, 2011

El país del sagrado corazón se está derrumbando

Cuando entré a estudiar arquitectura se hizo inmediatamente evidente una dificultad que me acompañaría durante los años que estuve ahí y que al final -sumada a otras cosas- me haría desistir: la lógica estructural y yo nos llevamos muy mal.

Angustiada, pregunté a mi profesor de taller I cómo solucionar la estructura de mi composición espacial, a lo que él respondió de manera sencilla y con el humor ácido que lo caracteriza: "No se preocupe, eso lo sostiene el espíritu santo." En su defensa debo decir que es un hombre que sabe de estructuras arquitectónicas como pocos en Colombia, no obstante en esta época en la que el país parece hundirse, volverse líquido, perder su forma y su piso entre tanta lluvia, no pude evitar recordar esa inicial conversación y sonreír con cierta amargura. Querámoslo o no, a un país mal planificado y mal construido no lo sostiene el espíritu santo.

"Esto es una tragedia", me escribe mi madre por correo y adivino o invento en sus palabras cierto tono de queja por lo inexplicable, por un "castigo divino"... Por supuesto, lo que está pasando es tremendo, pero la cosa no es gratuita, no es obra de Dios castigando al pueblo pecador, sino una clara consecuencia de los errores, la negligencia y la corrupción de un país, durante siglos, en materia urbanística y arquitectónica.

Qué dios lo oiga y el diablo se haga el sordo, dice el proverbio popular... pero hay que ver cuántos diablos somos y de qué manera nos hemos hecho los sordos.

enero 21, 2011

Mi pequeño homenaje a María Elena

Esto lo escribí para otro blog pero no me dejaron publicarlo. Ahora lo pongo acá.


Murió María Elena Walsh leí el domingo en el diario, y sentí en el estómago el dolor profundo de crecer.
Como mi madre ha dedicado gran parte de su vida a pomover la literatura infantil, crecí rodeada de una cantidad inusual de libros para niños. Recuerdo con amor y aún disfruto sus ilustraciones, sus historias, lascanciones y los juegos de tradición oral con los que descrubrí las fascinantes posibilidades de la imaginación y que siguen revelándome nuevos significados. Las palabras y la música de María Elena Walsh ocupan, por supuesto, un lugar de honor en mi memoria. Cada vez que las leo, las escucho o las recuerdo, me transportan suavemente a momentos llenos de emoción y vuelvo a sentir unas ganas enormes de ver cómo es elReino del revés o de irme a París cantando Manuelita dónde vas con tu traje de malaquita y tu paso tan audaz.
María Elena Walsh no vivía -como Manuelita- en Pehuajó (que significa “terreno pantanoso”), pero seguro que alguna vez pasó por allí. Nació en un caserón de Ramos Mejía (Gran Buenos Aires) el primero de febrero de 1930 y creció en una familia de clase media, con un padre de ascendencia irlandesa que solía recitarle nursery rhymes cuando era niña. Más tarde se trasladó a Buenos Aires, estudió dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes y vivió aquí casi toda su vida. Empezó muy joven a escribir y a publicar poesías en diarios y revistas; a finales de los cuarenta viajó a Nueva York con el poeta Juan Ramón Jiménez, pero estuvo sólo algunos meses. En 1952 se fue a París con Leda Valladares, huyendo un poco del mundo literario y de la censura peronista tras la muerte de Eva. Allí cantó durante cuatro años, en un ambiente donde había más libertad de costumbres, y le dio un giro a su carrera: empezó a escribir para chicos las canciones y los poemas que, con el tiempo, se han convertido en parte fundamental de la literatura infantil y de la tradición oral y de América del Sur.
Me entristece su muerte como lo hace saber que han desaparecido ya otras grandes mujeres latinoamericanas: Mercedes Sosa, Celia Cruz, Gabriela Mistral, María Cano, Manuelita Sáenz. Mujeres de aquellas -¡Ay Chavela!-. Pero también me hace feliz su paso por el mundo y me llena de orgullo sentir que piso ahora su tierra y compartiré siempre la lengua que usaron para dejarnos su inmensa herencia.
María Elena Walsh la enterraron ayer a la mañana en el Cementerio de la Chacarita, tras haber sido velada durante la noche en SADAIC. La cultura y la ciudad estuvieron de luto.

La forma
Dios sigue haciendo piedras y animales

con las antiguas formas de la vida.
Sigue poniendo pájaros iguales
sobre la misma tierra repetida.
Pero para la voz recién nacida
todas las cosas son originales,
y al cantar las descubre sorprendida,
desde su cárcel, desde sus umbrales.
Si estoy en medio de la noche y siento
que otra vez vuelven con la primavera
la renovada antigüedad del viento
y la luna que vi por vez primera,
muero, pero renazco al otro día,
húmeda de reciente alfarería.
María Elena Walsh

enero 09, 2011

¿Qué tienen en común la Internationale Situationniste, un conector de computadores y videojuegos (D-sub) y las bicicletas?
Aparentemente poco o nada, pero a mí los tres me remiten a la comunicación, una comunicación autónoma y dinámica.

*tómese como explicación -esté o no de más- sobre posible contenido futuro.

octubre 14, 2010

Quiero seguir recuperando reflexiones y planteamientos sobre la libertad y lo digital, la red, el ciberespacio.

Un texto que ya tiene casi 15 años y es hoy tan válido y necesario como entonces:


DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DEL CIBERESPACIO

Por John Perry Barlow


Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.
No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.
Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas.
No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni creasteis la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden que el que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.
Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como una excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolvereremos por nuestros propios medios. Estamos creando nuestro propio Contrato Social. Esta autoridad se creará según las condiciones de nuestro mundo, no del vuestro. Nuestro mundo es diferente.
El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos.
Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.
Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.
Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia. Aquí no hay materia.
Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener orden por coacción física. Creemos que nuestra autoridad emanará de la moral, de un progresista interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas reconocerían es la Regla Dorada. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que estáis tratando de imponer.
En Estados Unidos hoy habéis creado una ley, el Acta de Reforma de las Telecomunicaciones, que repudia vuestra propia Constitución e insulta los sueños de Jefferson, Washington, Mill, Madison, DeToqueville y Brandeis. Estos sueños deben renacer ahora en nosotros.
Os atemorizan vuestros propios hijos, ya que ellos son nativos en un mundo donde vosotros siempre seréis inmigrantes. Como les teméis, encomendáis a vuestra burocracia las responsabilidades paternas a las que cobardemente no podéis enfrentaros. En nuestro mundo, todos los sentimientos y expresiones de humanidad, de las más viles a las más angelicales, son parte de un todo único, la conversación global de bits. No podemos separar el aire que asfixia de aquél sobre el que las alas baten.
En China, Alemania, Francia, Rusia, Singapur, Italia y los Estados Unidos estáis intentando rechazar el virus de la libertad erigiendo puestos de guardia en las fronteras del Ciberespacio. Puede que impidan el contagio durante un pequeño tiempo, pero no funcionarán en un mundo que pronto será cubierto por los medios que transmiten bits.
Vuestras cada vez más obsoletas industrias de la información se perpetuarían a sí mismas proponiendo leyes, en América y en cualquier parte, que reclamen su posesión de la palabra por todo el mundo. Estas leyes declararían que las ideas son otro producto industrial, menos noble que el hierro oxidado. En nuestro mundo, sea lo que sea lo que la mente humana pueda crear puede ser reproducido y distribuido infinitamente sin ningún coste. El trasvase global de pensamiento ya no necesita ser realizado por vuestras fábricas.
Estas medidas cada vez más hostiles y colonialistas nos colocan en la misma situación en la que estuvieron aquellos amantes de la libertad y la autodeterminación que tuvieron que luchar contra la autoridad de un poder lejano e ignorante. Debemos declarar nuestros "yos" virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos extenderemos a través del planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos.
Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.

Davos, Suiza. 8 de febrero de 1996
*También de Barlow: The Economy of Ideas